Lo que podemos aprender a través del tejido

 

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Todas las manualidades – en mi caso, el tejido- al igual que el mindfulness, nos ofrecen grandes lecciones:

Cómo observar.

Cuando estamos aprendiendo a tejer, debemos estar muy atentes a cada punto, al patrón, la tensión etc. Manteniendo los ojos puestos en lo que estamos haciendo, debemos intentar relajarnos al mismo tiempo, mirando que nuestras manos se coordinen con la respiración para crear un tejido parejo. Puede sonar extraño pero cuando aprendemos a tejer, podemos olvidar que de hecho estamos tejiendo…porque debemos controlarlo todo.

Tejer nos lleva también al desarrollo de una conciencia plena. Al concentrarnos en nuestra respiración y comportamiento, aprendemos a monitorear nuestros pensamientos mientras nos vamos relajando al mismo tiempo. De nuevo, podemos olvidar que estamos pensando porque debemos estar concentradas en lo que hacemos. Captar los pensamientos mientras pasan volando por nuestra cabeza, contar los puntos como si fueran volando por los dedos…estas dos tareas, complejas, nos permiten fluir entre el movimiento, la respiración y las ideas, en un espiral repetitivo como si fuera un mantra que nos permite encontrar paz y varias cosas más.

Como psicóloga, puedo decir que el tejido en si mismo no soluciona nada, pero nos permite estar en calma para poder mirar lo que nos preocupa desde un estado distinto, si estamos tranquilas podemos tomar mejores decisiones, sentirnos valientes, aceptarnos, conocernos y actuar en consecuencia para estar mejor.

En el tejido se dan dos trabajos:

  1. En un sentido concreto, está el tejido mismo, que puedes tocar, es fácil hablar de él por que podemos verlo, puedes sentirlo, puede ser compartido con otros a través del patrón.
  2. El otro trabajo es interno, invisible, abstracto y silencioso; muchas veces los otros pueden percibirlo pero quizás no logran describir con facilidad. A través de un tejido consciente somos capaces de lograr mientras tejemos, que otras partes de nosotros mismos silenciosamente se ordenen. ¿Lo han sentido?¿Les ha pasado que están tejiendo con tanta concentración que todo lo demás desaparece, te sientes en calma y luego puedes retomar la vida cotidiana desde otra sintonía?. Para mi, tejer una prenda es darle forma a lo que estamos sintiendo en ese preciso momento, nuestro pulso se queda en cada punto y se materializa paso a paso, vuelta por vuelta.

 

Cómo aprender

Practicando meditación, aprendemos que algunos días estamos listos para bucear en nuestro interior, y otros día nos resulta agotador resistir las distracciones. Tejer tiene un entrenamiento similar. Ojalá pudiéramos tomar nuestra primera clase cuando estamos tranquilas y abiertas al aprendizaje. Si nos cuesta aprender porque es el momento equivocado, no importa: no es el final, inténtenlo de nuevo más tarde. Yo sigo aprendiendo y tomando clases, me gustan los palillos pero me cuesta más aprender que con el crochet, entonces recurro a clases con Cami Larsen de Corriendo con tijeras, porque confío en ella y me inspira, me ayuda a seguir mi propia velocidad de aprendizaje y me ayuda a avanzar en lo que me cuesta.

Yo aprendí a tejer recién a los 27 años. Muchas amigas intentaron enseñarme antes pero sólo logré frustrarme y aburrirme. Sin embargo, un día mientras trabajaba en otra ciudad, un grupo de activistas estuvieron tejiendo durante toda la tarde en una asamblea y me enseñaron. Afuera llovía a cántaros, teníamos una chimenea y una conversación intensa…eso fue todo lo que necesité para aprender y nunca dejar de tejer. Cada una tiene su tiempo, su propio ritmo y forma de aprender.
Hay quienes aprendieron en el colegio, de su mamá, de su abuela, de una profesora. Encontrar la forma adecuada de aprender para cada uno, puede evitarnos muchos problemas y frustraciones.
Tanto el crochet como los palillos, cuentan con un número acotado de puntos básicos. La mayoría de mis alumnes aprende a tejer todos los puntos básicos en una clase de 3 horas de full concentración. En la práctica, entender el mecanismo, hacer que los puntos colaboren, que el crochet haga lo que necesitamos que haga, investigar como corregir los errores, aprender a diseñar lo que queremos y encontrar la motivación para seguir nuestros proyectos hasta el final, son lecciones que se van aprendiendo con el tiempo y luego de ir conquistando los desafíos momento a momento.

 

Cómo estar presentes:

Al igual que en terapia, lo que facilita más el cambio o en este caso el aprendizaje, es la relación, el vínculo entre alumne y profe. No digo que todas las personas que pasan por mis clases se conviertan en mis amigas, pero si que debemos preocuparnos mutuamente de estar presentes para el otre. Desde el lugar del aprendiz debe haber apertura, confianza para preguntar y humor para aceptar sus errores, responsabilidad para corregirlos y avanzar. Desde mi lugar de profesora, debo estar atenta a cada señal, observando si respiran, si están bien sentadas, si sus movimientos son fluidos o si están nerviosas…si sus manos tiemblan, si me miran de reojo porque no se atreven a llamarme o si tienen cara de pregunta.

Es mi obligación generar una atmósfera que les permita hacer todas las preguntas y resolver todas las dudas que surjan. En todo ámbito de cosas. En mis clases me preguntan desde cómo hacer el cambio de color, hasta cómo plantear conversaciones difíciles en la familia…porque así es, el tejido es texto, es palabra y ponemos todo en el espacio compartido desde la confianza, el cariño y el cuidado mutuo. En clases estamos todas tejidas al hilo del aquí y ahora. Cada una de nosotras trae su vida al taller y nos conocemos, nos acercamos, nos acompañamos.

Celebrar los aprendizajes es algo que suelo hacer y que espero que cada una incorpore en mi clase, no abriendo espacios para los diálogos negativos, nada de: es que soy tan torpe, es que soy tonta, nada de eso.

Aprender a tejer de adulto, ver cómo tus manos luchan por lograr una motricidad, un gesto que es nuevo, controlar el crochet…cuesta. A veces se les hace difícil recordar que deben respirar y relajar los hombros por miedo a perder un punto. En cada etapa del aprendizaje podemos observar cómo se siente, lo que nos revelará mucha información de cómo aprendemos mejor (¿qué se siente bien, qué se siente incómodo?¿dónde lo siento?, porqué?). Aprender o refrescar lo que aprendimos en la infancia nos acerca al mindfulness, aumenta la confianza, nos vamos dando cuenta que ya no debemos repetir los pasos en nuestra cabeza para no perdernos, vamos haciendo nuestros los gestos de cada punto, ofreciendo un campo interior para explorarnos y disfrutar la calma.

 

Cómo conocernos a nosotres mismes:

Identificar la forma en que aprendemos, hará más fácil el proceso, así que comuníquenlo si aprenden con alguien. Noten sus incomodidades con cuidado. Si la lana les molesta y las pone de mal humor, tomen un minuto para evaluar porqué está pasando, quizás ese tipo de lana no es la mas adecuada para ustedes o quizás es más sencillo intentarlo en otro color. Si el crochet es muy corto, muy ancho…date el permiso de buscar estar cómoda y cámbialo. Si el patrón te está complicando, déjalo descansar un rato, siéntate quieta y encuentra esa confianza interna que sabe que puedes comprender cualquier instrucción si te das el tiempo. Pide ayuda si es necesario y corrigiendo los errores podrás aprender cómo evitarlos en el futuro.

 

*Un ejercicio: Dibujando ideas

Les sugiero tener un cuaderno que sea sólo para anotar sus patrones, ideas, dibujos y un lápiz que les guste, que les haga sentir bonito, que sea cómodo para escribir o que sea su favorito. Nada de esto implica que salgan corriendo a comprar nada…sólo dispongan de materiales que les resulten inspiradores, que puedan tener en casa y que sean de uso exclusivo para tejer.

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La idea es que este cuaderno sea una recopilación de pensamientos sobre algunas experiencias de vida, tu forma de ser y tus tejidos…donde van tus pensamientos mientras tejes también pueden registrarlos aquí.

  1. en la primera página, comienza a dibujar una linea inquieta. Puede ser una linea decorativa, suelta o apretada o una linea que se parezca a las ondas que forman los hilos y lanas al tejer, puede quizás parecerse a las curvas que se hacen cuando destejes o desenredas el tejido. Lleva esta línea continua hasta los bordes de la página.
  2. Mientras tu lápiz aprende a comportarse como un hilo, piensa en lo que quisieras aprender del tejido. En la medida que las palabras vengan a tu cabeza, incorpóralas en tu dibujo de lineas. Piensa en las lecciones más grandes de tu vida y en las características que necesitaste para lograr lo que te propusiste. Deja que tus ideas construyan un patrón en el papel. No es necesario que sean lineas rectas, puedes dibujar círculos, zigzags o lo que prefieras. Decora las líneas como si fueran lanas. Deja que el movimiento del lápiz gatillo todas las ideas hasta que hayas llenado por completo la página de tu cuaderno.
  3. Observa el resultado de tu trabajo y vamos viendo que te motiva.

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